divendres, 6 de maig de 2011

¿SI NO AHORA CUÁNDO?



Intervenció d'Alessandra Bocchetti  (traduida al castellá) durant la concentració de feministes italianes per a protestar contra l´esperpento
masclista de Berlusconi. Plaça del Poble, Roma, 13 de febrer de 2011. 

Bienvenidas.

En este periodo nuestro país parece estar gobernado por la debilidad de los hombres más que por su capacidad. La debilidad de los hombres es hoy evidente para todos. ¿Y qué otra razón podemos dar a este espectáculo indecente y patético al cual asistimos desde hace mucho tiempo? Y que además ponen en riesgo el país, su democracia y su credibilidad. Espectáculos ridículos que nos ofrece no sólo el actor principal sino también quien se empeña en su defensa surrealista. Pero dicho esto, no debemos olvidar también la responsabilidad de una clase política que no ha sabido encauzar este fenómeno y que continúa sin encontrar formas y modos eficaces de una verdadera oposición.

En este clima de * avanspettacolo  debemos sin embargo prestar mucha atención para que la farsa no encubra la verdadera indecencia: porque la verdadera indecencia son las opciones económicas de este país. De un tiempo a esta parte gobiernos de derecha y gobiernos de izquierda recortan siempre donde un país civilizado debería invertir. Recortes en la escuela, en la asistencia, en la investigación, en las políticas de apoyo a la familia, en las políticas de conciliación, han hecho convertirse a las mujeres en funámbulas, equilibristas, velocistas, santas que hacen milagros.

Los hombres son frágiles, cualquier mujer lo sabe. Pero es precisamente por esto por lo que están tan aferrados al poder. El poder es su tercera pierna, su prótesis. El poder les sirve para manifestar la fuerza que no tienen. Es por esto que los hombres están tan aferrados al poder como ninguna mujer lo estará nunca. Pero una sociedad de hombres y de mujeres no puede estar gobernada sólo por hombres o por muchos hombres y pocas mujeres de comparsa, tal vez salidas de la cabeza del padre. Debemos construir un equilibrio de representación verdadero si queremos una sociedad mejor para todos. Debemos transformar en política nuestra experiencia, nuestras necesidades. Estoy convencida de que si escuchasen las necesidades de las mujeres se podría hacer un magnífico programa de gobierno.

Pero las primeras en deber convencernos de esto somos nosotras mismas. Si aún amamos este país debemos aprender a gobernarlo rápidamente, las mujeres que sienten la energía y el deseo deben hacerlo. Es un compromiso que debemos tomar no sólo por ambición sino sobre todo por necesidad. Nos encontramos en un desastre. Pero de este desastre no somos del todo inocentes ni siquiera nosotras. En efecto, en esta sociedad parece que no existimos, no hay ninguna medida de mujer en su organización ni en sus criterios, ni en sus formas, ni en sus tiempos. Hemos sido hasta ahora demasiado tímidas, demasiado confiadas, demasiado cómplices, demasiado delegantes, demasiado obedientes. Cuando nos han pedido un paso atrás lo hemos dado enseguida y las exigencias de los demás nos han parecido siempre más urgentes que las nuestras. Y las mujeres comprometidas en los partidos se han centrado más en el partido que en los intereses de sus semejantes no comprendiendo que si lo hubiesen hecho hubieran logrado un partido más capaz de gobernar. No lo han hecho. O bien, han hecho ‘aquello que podían’. Pero ha sido muy poco. No ha sido suficiente.


El equívoco, ¿sabéis cuál ha sido?  Ha sido la idea de la igualdad entre los sexos. Los hombres nunca nos han creído, pero las mujeres sí que hemos creído en nosotras: por lo tanto no nos hemos sentido en demasiado en falta, si dejábamos gobernar a los hombres. Pero hoy sabemos más que nunca que ningún hombre puede representar a una mujer. Hoy está claro que iguales no somos. Somos diferentes: por cuerpo, por experiencia y por historia. La historia de las mujeres no ha sido fácil. Hace poco que somos libres; no debemos olvidarlo, somos libres hace poquísimo tiempo. Y la experiencia de nacer mujer en una sociedad como esta no ha sido y continúa sin ser un camino de rosas. Pero, como siempre el esfuerzo no es estéril: siempre produce algo. Estoy convencida de que cada mujer sabe de la vida más que cualquier hombre porque ha visto siempre el género humano de cerca, desde el nacimiento hasta la muerte y conoce el esplendor y la miseria de los cuerpos. El cuidado de los cuerpos ha sido a lo largo de la historia nuestra servidumbre, pero ha sido también la fuente de grandes conocimientos. Así nuestra fuerza radica en la necesidad de nacer, comer, dormir, saber llorar reír y saber morir.

Es una fuerza grandísima.  Y ahora más que nunca debemos sentírnosla y debemos emplearla. En efecto, a la política se debe llegar siendo conscientes de tener las manos llenas, se debe tener algo que ofrecer. No se debe llegar con las manos vacías. Si pedimos a la política identidad, confirmaciones, seguridades, palabras tranquilizadoras, seremos siempre chantajeables, siempre demasiado obedientes. Siempre demasiado agradecidas. Aprendamos a darlas nosotras, palabras tranquilizadoras y confirmaciones. Tracemos nosotras un camino a seguir, no lo pidamos.

Queridos hombres si amáis a este país, dad vosotros un paso atrás. Ya me parece oír la respuesta: respuesta entusiasta a esta invitación, dirán que sí, que nos harán espacio... Pero no los creáis. Porque no lo harán nunca. Para esto es necesario un empujón. Ahora es justamente el momento de darles este empujón. Pero no sólo a Berlusconi, también a los hombres más cercanos a nosotros que ocupan demasiados puestos, demasiados lugares, muy conscientes de estar sentados sobre su tesoro –esto es, una poltrona– . Las mujeres son demasiado pocas en todos los puestos de las instituciones, lo han dicho. Ausentes o escasas en los consejos de administración, en los puntos de decisión. No he dicho que las mujeres lo harán mejor que los hombres, las habrá capaces, mediocres y pésimas: somos humanas,  no divinas. Pero la política es el espejo de la sociedad y en la sociedad las mujeres existen. Es más: no hay sociedad, sin mujeres.

Por cuanto a mi concierne no votaré más a un partido que no garantice una fuerte presencia de mujeres en el gobierno de este país. Y no he dicho listas electorales, he dicho gobierno. Y quiero decir mujeres que incluso provengan de severas escuelas de administración del estado, y no del concurso de Miss Italia o del lecho deshecho del poderoso de turno. Me dicen que debo creer que las jóvenes de Arcore han hecho una elección libre. He trabajado toda la vida por la libertad de las mujeres. Pero debo confesar que la elección de estas muchachas no me recompensa ni siquiera un poco de mi fatiga. Si mi madre hubiese elegido ese tipo de libertad, no habría sido un ejemplo para mí. Si mi hija hubiese elegido ese tipo de libertad hubiese sido para mí causa de gran dolor. Y los sentimientos cuentan.

Buena suerte a todas porque también la suerte hace falta.


*Avanspettacolo: Espectáculo teatral de variedades que se representaba entre los años 30 y 60 antes de algunas proyecciones cinematográficas, caracterizado por un lenguaje de dudoso gusto.   

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